martes, 15 de mayo de 2018

El Museo de Arte Moderno de Cartagena nos necesita


 


El Museo de Arte Moderno de Cartagena nos necesita

Claudia de la Espriella

Es bien sabido que en Colombia la cultura es considerada hija de menos madre. Todos los gobiernos , con pocas excepciones, han  creído  que lo que se invierte en fortalecer nuestro sentido de pertenencia y de identidad  no es importante. Se olvidan de aquellos valores intrínsecos que  conforman los cimientos de una nacionalidad, hecha de contrastes y nutrida por una historia convulsionada; donde se fusionan múltiples elementos,  que se transforman  en la voz de un país que requiere  cuestionar  una realidad desigual y sin rumbo claro y que desea luchar por  encontrar un lenguaje artístico que nos lleve a ser  ciudadanos más analíticos  y críticos  con  esta sociedad desigual, para  así llegar a un equilibrio que esté profundamente ligado  con ese progreso intelectual tan necesario.

En épocas  electorales , como la que ahora atravesamos, es muy frecuente que tanto los candidatos regionales como los que tienen aspiraciones presidenciales digan, muy alegremente, pero con muy poca sinceridad, que están muy preocupados por darle a Colombia un nuevo rumbo y un lugar preponderante al quehacer cultural. Hablan de proyectar al país a nivel internacional, de fortalecer al turismo y otras frases hechas que, como siempre, no llevan a ningún  lado. Mientras tanto, las situaciones críticas se agravan hasta el punto de volverse inmanejables.

Debido a la mencionada desatención de los diferentes gobiernos con todo  aquello que tenga que ver con el  arte,  es que las entidades dedicadas a la difusión cultural tales como los museos, bibliotecas municipales, universidades, grupos de teatro, músicos, gestores culturales , etc.  se ven en calzas prietas  para poder cumplir con su labor. Tal es el caso del Museo de Arte Moderno de Cartagena que ha podido sobrevivir de puro milagro.  Como se sabe,  este hito cultural y arquitectónico de la capital de Bolívar, esta situado en un lugar estratégico y  privilegiado del “Corralito de Piedra”, junto a la Plaza de la Aduana y diagonal a la iglesia de San Pedro Claver. Por eso,  entre otros motivos, debería  ser el punto de confluencia de la cultura del Caribe colombiano y no tendría que correr el peligro de extinguirse sin que la  sociedad haga nada. Es cierto que no está  en el olvido total, pero también  es verdad que se mantiene en pie gracias al amor infinito de tres mujeres: Yolanda Pupo de Mogollón, Marta Zúñiga de Siegert y María  Sixta Bustamante, quienes con una tenacidad  admirable, con un espíritu  de lucha especial y un compromiso con la ciudad inquebrantable, hacen que se lleven a cabo  allí diferentes eventos de toda índole.

De un tiempo a esta parte, las  dificultades económicas  y la falta de  apoyo distrital y nacional han incrementado una crisis que no se puede dejar avanzar. Urge que el país tome cartas en el asunto.  Cartagena es la ciudad más visitada por extranjeros. En la retina de los visitantes se quedan las imágenes de una serie de obras pictóricas y escultóricas que narran la historia artística  de Colombia y las tendencias del pensamiento estético en Occidente, desde del siglo XX y lo que va corrido del siglo XXI. De allí  que sea importante preservar los tesoros que allí están consignados. Todo el esfuerzo realizado por muchos años para preservar y difundir este legado de creatividad que es testimonio de una fusión de diversas creencias, cosmogonías y que constituyen la síntesis de un país que indaga por una personalidad propia y distintiva. Confluyen elementos  propios de una cultura fortalecida por la fusión de etnias disimiles y con la cosmogonía peculiar e irrepetible.

Cartagena ha tenido desde 1891, cuando se funda la Academia de Bellas Artes de Bolívar, dirigida por Epifanio Garay, tiene una vocación  que consolida  una tradición  pictórica muy importante. Esta ciudad, quizás  por la presencia de atmosfera marina  invita a desplegar la imaginación creativa que, alentada por la luminosidad del cielo  tropical, permite que las pupilas de quienes la observan  se hagan libres y crezcan en el horizonte para transformarse en  un espíritu viajero capaz de reflejarse en el Arte. Esta realidad se corporiza en una serie de artistas que se han destacado mundialmente tales como Enrique Grau, Darío Morales, Bibiana Vélez, Hernando Lemaitre, Heriberto Cogollos, Alfredo Guerrero, Cecilia Porras, Cecilia Delgado, Tere Perdomo, Gonzalo Zúñiga  Ángel , Cheo Cruz y otros muchos que han enriquecido al Arte colombiano.

Sin embargo, se habla y, con mucha razón, de que esta ciudad ha dejado de lado su tradición  histórica y cultural,  para darle paso a unas conductas chabacanas que se le ofrecen a los turistas como si fueran la esencia de nuestra identidad . Partiendo de ese supuesto “atractivo”, es fácil  deducir que se haya descendido aún más y que se haya llegado a la deplorable situación de dejar atrás una vocación digna y que enaltece a este terruño para darle paso al turismo sexual y de drogas. Ese tortuoso camino debe enderezarse de inmediato. Para lograr lo que es fundamental  para Cartagena es necesario que exista un mandatario local con el suficiente carácter y valentía, para ejercer su autoridad y que se decida a trabajar con firmeza apoyando y promoviendo los proyectos culturales que fortalezcan aquellas tradiciones que fusionan todos los aspectos inherentes a las raíces  que le dan solidez  ética y estética a la colombianidad.

El MAMC, merece ser preservado por todos, llámense Gobierno Regional  o Nacional , grupos financieros, empresas privadas y ciudadanos del común. Lo fundamental es fortalecer e incrementar la producción artística  que ponga a la ciudad en el liderazgo intelectual que siempre tuvo y la aleje de ese universo denigrante en que ha caído  desde hace unas décadas. El tiempo de la indolencia debe acabar YA.  No hay que detenerse ni un momento. Cartagena se merece el respaldo de todos y Colombia requiere fortalecer sus instituciones culturales.

viernes, 4 de mayo de 2018

Colombia es una democracia?


 Articulo aparecido en la Revista Virtual " Ciudad Paz" dirigida por la abogada y periodista barranquillera Carmen Peña Visbal .

 

¿ Colombia es una democracia?

Por Claudia de la Espriella.

En los años de mi infancia y adolescencia en el colegio había clases de cívica  y de Historia de Colombia. Una excelente iniciativa que cumplía  con el propósito  de darnos una reglas sencillas de convivencia y, al mismo tiempo, nos  indicaba los valores esenciales para vivir en una verdadera democracia. Los maestros nos decían que nuestro país  era la democracia más sólida de Iberoamérica. Para esos años en el resto del continente  se debatía en dictaduras desde Argentina y Uruguay hasta Cuba. Era una época muy convulsionada , en medio del terror que le producía a EE. UU la posibilidad de que la influencia de la U.R.S.S se extendiera por toda América.

Cómo mi padre fue siempre político, un día cuando llegué  a casa y le pregunté  que si nuestra nación era una democracia.  Me contestó  que no y agregó  que lo era formalmente,  pero que el gobierno del pueblo y para el pueblo no era sino un sueño por realizarse.  Esa es nuestra realidad.

En un país donde el principal foco de corrupción son las elecciones no se puede hablar de democracia. No sólo sucede la compra-venta de votos en las presidenciales sino también en las parlamentarias,  en las departamentales y en las municipales. Ese es el origen de  nuestro caos, puesto que unos gobernantes que llegan mediante fraude organizado y engaños no tienen autoridad moral para corregir el curso de una sociedad enferma como la nuestra.

De otro lado, es bien sabido que ellos no creen en la democracia. Es más, les incomoda mucho. Ese profundo  conceptos filosófico que emerge de dicha palabra , implica pensar en el bien común muy por encima de los deseos más  personales. Precisamente por eso, no puede haber coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Todos hablan de bienestar general pero sus actos los desmienten. Un sólo ejemplo basta. En el país se ha decretado, desde hace  décadas, la educación primaria gratuita. Pero no se ha implementado de manera efectiva y siguen debatiéndose mecanismos idóneos para lograrlo. Y todos saben que no es una cuestión  económica sino de falta de decisión  política.  Se le asigna un presupuesto magro, porque lo que predomina es  indiferencia  del gobernante de turno para con los asuntos fundamentales como son educación, salud y trabajo digno. Por es contrario, con sus actitudes de señores feudales, se sienten que son dueños de la vida y honra de los demás  y por eso, no interesa nuestro crecimiento como personas. Poco importa si podemos cumplir nuestra metas en la vida. Lo único que les interesa es mantenernos sometidos a sus caprichos.

No se dan cuenta, además, que negarle un alto nivel de educación a los colombianos tiene consecuencias muy graves para el crecimiento integral del país. El atraso de nuestra nación es directamente proporcional a  la falta de  instrucción de sus habitantes. Es absolutamente antidemocrático que un jefe de Estado sea tan miope como para no darse cuenta que su decisión de favorecer a unos pocos trae consecuencias deplorables. Los industriales, los financistas, los grandes ganaderos y agricultores pierden competitividad cuando aquellos que trabajan para estos grandes emporios no están  adecuadamente calificados, para cumplir con eficiencia y celeridad las labores que les han sido encomendadas. Así  pues, el querer mantener este sistema injusto e inequitativo no nos permite ir hacia adelante.

La pobreza, que es el producto  de la confluencia  de varios factores, no se puede superar si no se aborda como prioritario el desarrollo educativo  integral. La indiferencia del Estado colombiano alarma. En las principales ciudades de nuestro territorio existe una pequeña franja de población  que vive de manera aceptable. La gran mayoría subsisten o sobreviven en la desesperanza. A la falta de oportunidades, de trabajo digno y adecuadamente remunerado, se le suman el hacinamiento, el hambre, las muy precarias condiciones de sus viviendas, un deficiente sistema de salud, vías  de acceso en pésimo  estado , dificultades de transporte y  como si fuera poco, carencia de centros educativos bien dotados. ¿Y qué  hacen los diferentes mandatarios? La respuesta es nada. Ni solucionan los problemas inmediatos y mucho menos los mediatos. Mantener este país en desorden es la consigna para impedir que las pocas familias que nos han gobernado dejen  el poder y así sigan  deshaciendo  a su antojo todo intento de caminar hacia un progreso seguro y estable.

Es fundamental pensar que Colombia no será  una democracia hasta que no se busque una transformación esencial, donde quede atrás la mirada despectiva de los jefes de Estado. Si no cambian las prioridades, jamás nos acercaremos al sentido profundo de dicha palabra. La forma en que se ha venido destruyendo a Colombia, no por la violencia de las bombas, sino por la indiferencia de los que tienen  en sus manos las decisiones transformadoras de nuestra nación y  que usan toda su  inventiva,  para ejercer esa violencia pasiva que se traduce en el menosprecio a los derechos fundamentales, consagrados en la Constitución  del 91 y mucho antes. Mientras no seamos capaces de entender que nosotros, los ciudadanos de bien, tenemos el destino del país en las manos y  no tengamos el valor  de rebelarnos votando a conciencia, por alguien a quien de verás  le quepa el concepto de democracia, estaremos viviendo bajo el oprobioso régimen  que nos tiene secuestrados en el hambre y la pobreza. Se trata de una dictadura disfrazada de libertad, pero dictadura al fin y al cabo…

                                   

         Cartagena, mayo 2018.

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 9 de abril de 2018

Tarde. Un poema de Claudia de la Espriella



 

 
Tarde
 

Otra tarde frente a la ventana.
 

El ruido de la lluvia,

un pájaro  de escarcha

viene con los sonidos

de las hojas del patio.

Llegas con el sigilo

de amores del pasado:

La voz suena a quimera

y las palabras diluyen

temores olvidados.

Amor he aprendido a amarte

con una brisa suave

que repite tu nombre

muy quedo en la distancia.

 

 

 

sábado, 10 de febrero de 2018

Compromiso colombiano con la Humanidad - Un escrito de Claudia de la Espriella- 1993


 
Castillo de San Felipe de Barajas- Cartagena, Colombia
 
Compromiso colombiano con la Humanidad

Por Claudia de la Espriella.

 Colombia está  siempre presente ante los ojos del mundo, ha dejado de ser un país  tercermundista para convertirse en el símbolo de la violencia y del caos. Por eso, todo lo que produce este país en materia de valores intelectuales y culturales no deja de parecer insólito  y siempre es rigurosamente observado por la opinión mundial.

En este orden de ideas, Cartagena está siendo mirada con el mayor detenimiento por la UNESCO.  Así las cosas la reunión que llevará a cabo este organismo internacional el próximo  diciembre, no debe ser tomada como una visita de cortesía ni como un descanso pre navideño.

Es el deseo común , que esta oportunidad que ahora ofrece la UNESCO, sea propicia para llevar a cabo los objetivos deseados por propios y extraños.

Si se tiene en cuenta la definición que trae el diccionario de la palabra patrimonio – bienes dejados por los padres, herencia, heredad-, es fácil  entonces deducir que Cartagena no pertenece exclusivamente a los colombianos, sino que por el contrario, son los cartageneros los administradores y albaceas de un valor histórico cuyo buen cuidado también  interesa a todos los demás herederos.

Así como los colombianos se preocupan por los destinos de las ruinas mayas y las pirámides  de Egipto; el resto de los pobladores de la tierra tienen derecho de tomar cuenta por la adecuada conservación  del bien encomendado para su conservación.

Cartagena y todos los habitantes de esta ciudad se encuentran en la obligación  moral  y política  con la humanidad de preservar de manera pulcra, digna y profundamente honrada, el bien encomendado.

El compromiso, entonces, es un arma poderosa para dignificar la imagen de Colombia en el exterior. Motivo suficiente para que sea asumido con toda seriedad, pues su mal manejo les otorgaría a los colombianos, especialmente a los cartageneros, el título  de pésimos administradores del Patrimonio de la Humanidad.

El deber cívico y ciudadano de los cartageneros es el de convertirse en guardianes de ese legado y otorgar con ahínco  soluciones a todas y cada una de las dificultades del entorno cartagenero: Sus deficiencias de alcantarillado, la descomposición  social que ha sufrido en los últimos  años, programas de salud, la falta de una política  cultural, el deterioro ambiental, la perdida de la identidad, etc.

Estos problemas, junto con sus respectivas soluciones, deben ser presentados durante la próxima reunión  de la UNESCO, no buscando su mirada generosa, en pos de una protección paternalista, sino por el contrario, manifestando una conciencia ciudadana definida, en torno a la claridad política  y administrativa en lo concerniente al legado histórico y recordando que no corresponde a los críticos del extranjero aportar toda la iniciativa en el momento de dar soluciones.

 

Cartagena, 13 de marzo de 1993.

 

 


viernes, 12 de enero de 2018

Un poema - Miedo. Claudia de la Espriella


 
 
 
 
Miedo

 

Tengo miedo de amarte

y sentirme engañada:

Que tus ojos de ámbar

se hayan vuelto diamantes,

que tu risa antes fresca

se haya hecho de escarcha,

que tu mirada límpida

se haya vuelto fantasma,

que tus manos tan cálidas

ahora sean avaras,

que tu cuerpo andariego

se haya ido secando,

que tu voz ayer dulce

sea ahora reclamo,

que tu abrazo en mi pecho

sea haya vuelto tan áspero,

que tus dedos me toquen

como garras punzantes,

 y  tus pies presurosos

se hallan vuelto pesados,

que los años vividos

se hayan esfumado,

que las olas del mar

ahoguen las palabras,

que ahora no escuches

mi canto enamorado.
 

Tengo miedo del miedo;

de tu ausencia cercana,

pero con todo y eso,

he escogido el amarte.

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 8 de diciembre de 2017

Poema - Cotidianidades - Claudia de la Espriella


 

Cotidianidades

 

Tu taza de café humeante

espera en la mesa,

para dar la bienvenida

a mi mañana.

 

Me miras con ojos de esperanza

y tu mano soñolienta

toma mi mano.

 

Me cuentas, bostezando,

que el día será gris

 y que las horas harán

su danza rutinaria…

 

Sonrío…

Me pregunto si un día

el reloj detendrá su marcha

y me darás el beso

que hará olvidar el tiempo…

y el espacio…

 

Te alejas con el ritmo

de quien no quiere marcharse.

Me imaginas desnuda:

me miras , sin mirarme.

 

El tráfico nos lleva

a sitios desiguales,

donde apenas respiras

el rumor de la brisa,

que cubre la montaña.

 

Un poco de sopor,

 y un sonido impreciso

que evoca la nostalgia.

 

Un verso olvidado

al borde de mi falda…

Y tu risa marina

tocando mis mejillas,

hechas de luz de luna,

para secar mis lágrimas.

 

Cae la tarde.

Hay hielo en la ventana...
 

Desabrochas mi blusa

asoma la ternura

de un suspiro

mojándonos los labios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

lunes, 4 de diciembre de 2017

A Modo de Relato - Poema. Claudia de la Espriella.


 
Enamorados Claudia Fuentes
 
 
A  Modo de Relato
 

 

Me has dicho:

Nuestro amor

bien merece un relato.

Te miro tratando de asombrarme

y busco cada instante

vivido a tu lado…

 

La hoja de papel en blanco...

El rumor de mariposas

aleteando en mis manos

y ,sin prisa, besando las palabras.

 

Llega el viento huracanado

mientras mis pechos tiemblan,

y mis manos ansiosas

buscan tu nido

para  resguardarse.

 

Los días pasan

y llegan las auroras,

vestidas de arcoíris,

para verter las horas

repletas de esperanza,

caminando la vida,

siendo dos cuerpos

fundidos en un solo  abrazo.

 

Como en un tiovivo,

las horas van cambiando,

a veces nos sonríen

y , por momentos,

se  tornan en llanto.

 

Más tú, mi bien,

permaneces grabado en el aire,

que ondea mi cabello,

como si fueras gaviota libertaria.

 

Respiras los minutos

que juntos construimos

y de mi boca brotan

mil bienaventuranzas.

 

Cada una de ellas

lleva tu nombre,

grabada en mis entrañas.

 

Te miro en el espejo

y cien jinetes

atraviesan mi cuerpo

a horcajadas,

y mi garganta se funde

con el viento

para gritarle al eco

que te amo.